Pasaporte a tu encuentro _ ALAIN ZEGARRA SUN
| | 2025 - Antologia Jose Hilton Rosa e Convidados | Jose Hilton RosaPublicado em 11 de Julho de 2026 ás 09h 22min
Pasaporte a tu encuentro
Autoria de ALAIN ZEGARRA SUN
A Silvia, entre Lima y Santiago,
ante un metro surcando el Mapocho
Sucede,
como suele ser,
en cada estación de aeropuerto
que tu aroma impregna
mi entorno,
que tu vida no es sólo
la historia
de paseos al puente en Barranco
ni tampoco la banda sonora
de paraguas gimiendo en Cherburgo,
como adiós que se estrecha
en el Sena
vislumbrando el sentir de Aznavour,
pues será tu sentido secreto
revelado en mi ausencia postrera,
despejando esos mares inciertos.
Y tu grato carmín encendido
cifrará su esperanza
y su goce
en el verso que fluye sereno
cimentando esas frases tan tiernas
que soñaste algún día cautiva,
liberando el plañir de tu vientre.
Tu recuerdo no es más
el esbozo
de un Cyrano
blandiendo tu espíritu,
como acróbata ebrio / hastiado de honor
dando saltos de fraile en francés;
ciñendo otro traje, trocando armaduras,
soñando en combates de oscuras argucias,
portando ese mágico estruendo en el pecho.
Las auroras no son más batallas
libradas en plazas remotas,
enviándote mapas de costas lontanas,
firmando postales, bregando en castillos;
pulsando esos hondos y crueles latidos
en vez de Arondight, Durandarte o Joyeuse
sin más piel ni entrañable arquetipo
que Roldán, Lancelot o Sigfrido,
trasmutando esta carta en destino
de un gascón de perfil prominente
que partió con dolor al exilio,
sin arriar el pendón de su frente.
Y evocando otra noche en Santiago
rememoro el matiz de tu sombra
que inquietará horizontes
y rumbos
a cada señal de tus pasos.
Percibiendo en los amplios contornos
de una entraña de polkas y valses
ese lento trotar de gacela
que tú encarnas radiante en resquicios
de un gentil plenilunio en Maipú
entre cuecas que afinan compases,
como un todo albergado entre cuerpos
que se estrechan con frágil deleite,
despejando esta bruma que ostenta
otra noche de andanza entre arenas
desde un faro herrumbroso en Iquique
al febril bulevar frecuentado
cierta tarde de nieve en tu risa
en que cada tristeza fue el sorbo
de aquel vino añejado en tus labios.
Santa Lucía,
cuadrante terrenal
entre agrestes promontorios,
se me yergue inexpugnable
a través de vagones urbanos
de otro metro surcando el Mapocho
mientras mantos de azufre
y esmog
ofrecen refugio escalonado
al huésped viril Caupolicán.
Dos alondras se proyectan
al poniente
y es tu grana sonrisa
la que orienta
mis ansias
de huaso trepidante
hacia dos centinelas de fuego,
atalayas incaicas de un tiempo
cuajadas en fraguas andinas
desde sendos pedestales milenarios
una gárgola encarnada
en periscopio
tras el pétreo y paciente
Pillco Mozo
y el picacho senil Santa Apolonia,
erguido y robusto
como siempre,
que al levante los rozan y mecen
copihues trocando en cantutas
mientras tocan retreta a tu viaje:
Huañucuy / Caxamalca,
dos ciudades
que entretejen sus rutinas
hasta en trópicos
y círculos polares,
disecando esta página
en blanco
como punto boreal
que se extingue
tras el breve fulgor
de tus ojos,
cobijando entre lechos de greda
esas grutas que albergaron tu presencia,
revelándome el haz y el envés,
la sombra y penumbra,
la diestra y siniestra
estructura de un cuerpo
como cartas astrales
en ásperas tierras
o heráldicos sueños,
descifrándome
la estirpe araucana,
como poro extasiado
en las venas,
auscultando
esa piel en letargo
desde el parco
sentir de tus manos
hasta el glóbulo azul
entre arterias.
Confieso que no es mi costumbre
renovar pasaporte a tu encuentro
pues carezco de puerto seguro
y, por ende, también de equipaje,
pero porto como algo inevitable:
las huellas y el atlas de tu cuerpo,
indicándome llanuras y fronteras
como brisas que te inundan ese rostro
tras mareas de llanto en tu pesar,
como náufrago albergando alborozado
ramblas arriba / malecones abajo:
áncora, sextante, odres, catalejos
que arremeto enquistado en Citroën trasandino
cual brujo aprendiz o cinéfilo alquimista
filtrándose tu voz adormecida
entre bardos y durmientes malecones
por penínsulas, fiordos o albuferas,
sojuzgando retornos mejor que partidas
o
escanciando cinzano, vodka o campari
sobre aquel surtidor pisciforme por barra,
recortando cada estancia fugaz La Chascona*,
soslayando trébol, wayruro o herradura
por niquélicas medallas que atiborran
cada plexo estentóreo entre ausencias.
Aunque crea con nostalgia irreparable
que fue el eco nocturno y misterioso
del postrero concierto ensimismado
tras bengalas que entretejen un destino.
Un destino que persigo en tus entrañas
o, quizá, simplemente,
en los últimos resquicios siempre esquivos
de cetáceos putrefactos y ambarinos
que remecen la conciencia entre cimientos
de aquel muelle que trastoca todo impulso
tras vagones o pilotes embargados
por la calma del soponcio en Cerro Azul,
constriñendo proezas y nostalgias
como el kraken** emergiendo de unos sueños
en sus aguas furibundas y crispantes,
proyectando en cada esfuerzo bizantino
la raigambre pirenaica de un guijarro***
que compacto y tremebundo se aquilata,